En apariencia, trabajar en Colombia es fácil. Los colombianos hablan nuestro mismo idioma, y con una precisión envidiable. Los colombianos son amables y exquisitamente educados... Bueno, la mayorí­a porque hay algunos que cambiaron por balas el noble arte de la dialéctica. Y los colombianos -o la inmensa mayorí­a de ellos- encierran torrentes de historias interesantí­simas, muchas de ellas estremecedoras. Por eso para un periodista es fácil, en apariencia, trabajar en Colombia. Pero Colombia no es un paí­s de apariencias, es un paí­s casi incomprensible. Cada aldea y cada pueblo...

Y cada rí­o y cada vereda tienen su pequeña historia. Y todas esas pequeñas historias -con sus ví­ctimas y sus victimarios- configuran, unidas, un mapa fragmentado, inabordable. Un paí­s casi incomprensible. Retratos de la Colombia en guerra nació del deseo-necesidad de una compañera del programa, Yolanda Sobero, de contar el drama de millones y millones de colombianos que en un momento de sus vidas, casi siempre dramático, tuvieron que juntar sus bártulos y abandonarlo todo. Todo. Yolanda no pudo ir y Susana Jiménez, José Manuel Frean, Irene Martí­n, Javier Mula y yo mismo asumimos el reto.

Si uno quiere aproximarse a la verdad de Colombia no tiene otra alternativa que viajar. Acercarse a los rincones en los que el Estado tiró la toalla hace años y preguntar a sus vecinos. Nada más aterrizar en Bogotá iniciamos un periplo hacia uno de esos rincones. Fueron dos dí­as de viaje ininterrumpido hasta llegar a la aldea de Bajo Grande. Vuelos domésticos en compañí­as locales, largos y pesados trayectos en coche por carreteras tortuosas, travesí­as en lancha por los rí­os de una de las selvas más húmedas de todo el planeta... Y así­, dos dí­as después, llegamos a Bajo Grande y preguntamos a un indí­gena wounaan qué siente cuando llega un guerrillero o un paramilitar y le obliga, fusil en mano, a abandonar su cabaña...

La pregunta es simple, pero encierra todas las impotencias que sufren los colombianos desde hace decenas de años. Y en la aldea indí­gena -como en otras aldeas afrocolombianas, o en los barrios marginales de Soacha o en los suburbios de Monterí­a- cumplimos uno de los objetivos prioritarios de En Portada: dar voz a las personas a las que nunca nadie les ha puesto un micrófono. Retratos de la Colombia en guerra entra también en las vidas de desplazados que siguen amenazados a pesar de llevar años huyendo; de los que se desplazan con escolta; de las madres que se resisten a entregar a sus hijos a la causa de los violentos; de los que sencillamente están resignados a esperar la muerte o, como en el caso de Deyanira -nuestro hilo conductor-, de los que plantaron cara a los paramilitares por pura y simple coherencia a sus principios.

1 Comentarios

  1. Gravatartristram 12 / 9 / 2011

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    para los pobres por alguna razon siempre son los que mas sufren en todo y los menos se le escucha en casos de injusticia

    pero si fuera hast al mascota de alguien importante ahi si a movlizar todo las fuerzas del orden

    la justicia debe funcionar como lo que es dar justicia y no a unos cuantos sino que ¿¿que razon tiene que halla leyes??


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    Tu NombreApril 22, 2010