El cristianismo considera que la lujuria es un pecado, pero en el mundo antiguo, los imperios griego y romano la celebraban.

Mientras los devotos de la antiguedad la definí­an como un apetito excesivo por el placer carnal, la Biblia lo califica con términos como fornicación, adulterio o tentación de la carne.

En definitiva, un deseo sexual tan fuerte, que arrolla y destruye. El Antiguo Testamento condena la lujuria, pero no la sexualidad como tal.

La historia de este pecado muestra giros sorprendentes, como las orgí­as de los cristianos agnósticos, las leyes de los puritanos en contra de la fornicación y los exorcistas que luchaban contra el demonio de la lujuria llamado Asmodeo. Hoy en dí­a, los cientí­ficos creen que este pecado puede tener más relación con la genética que con una elección, pero habrá que ver si son capaces de demostrarlo.

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    Tu NombreApril 22, 2010